
Y allí estaba, al borde del abismo sin saber si lo mejor era dejarse caer. “El azul de mi piel se torna grisáceo, me destiño sin remedio”.- pensó. Las olas llevaban y traían los recuerdos que, al igual que el mar embravecido, eran golpes que sólo producían dolor. Se arrojó sin dudarlo. Estaba ahogándose de nuevo en el mar…
Intentó nadar hacía la orilla, buscando el refugio de los brazos de su amado…Pero no vio a nadie, nadie la esperaba. Nunca existió ese amante, ni el príncipe azul, ni el fantasma que en sueños le visitaba. Nada de eso existió.
Así que decidió dejarse llevar por aquella tormenta imaginaria de sentimientos. Posiblemente, cuando encontraran su cuerpo dirían que estaba lleno de cortes producidos por los golpes contra las rocas. Nada más lejos de la realidad. El mar la trató con dulzura, pero la vida le infringió cortes que dejó sin cicatrizar. Era un bonito cadáver, aunque un tanto ajado por los años, los embarazos, la salud…Nada quedaba de aquella niña azul, sólo sus pesadillas.
Aquella noche decidió lanzarse al mar. Dejo sus ropas en orden, alisó sus cabellos, respiró hondo…Luego, el vacío.
No abrió los ojos cuando notó un abrazo tan suave que le erizó la piel. Estaba allí, la envolvía con toda la calidez de la que era capaz. Ella abrió los labios para decir su nombre…El gran azul.
Intentó nadar hacía la orilla, buscando el refugio de los brazos de su amado…Pero no vio a nadie, nadie la esperaba. Nunca existió ese amante, ni el príncipe azul, ni el fantasma que en sueños le visitaba. Nada de eso existió.
Así que decidió dejarse llevar por aquella tormenta imaginaria de sentimientos. Posiblemente, cuando encontraran su cuerpo dirían que estaba lleno de cortes producidos por los golpes contra las rocas. Nada más lejos de la realidad. El mar la trató con dulzura, pero la vida le infringió cortes que dejó sin cicatrizar. Era un bonito cadáver, aunque un tanto ajado por los años, los embarazos, la salud…Nada quedaba de aquella niña azul, sólo sus pesadillas.
Aquella noche decidió lanzarse al mar. Dejo sus ropas en orden, alisó sus cabellos, respiró hondo…Luego, el vacío.
No abrió los ojos cuando notó un abrazo tan suave que le erizó la piel. Estaba allí, la envolvía con toda la calidez de la que era capaz. Ella abrió los labios para decir su nombre…El gran azul.



