Poemas y otras fantasías.

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miércoles, 1 de abril de 2009

El gran azul.



Y allí estaba, al borde del abismo sin saber si lo mejor era dejarse caer. “El azul de mi piel se torna grisáceo, me destiño sin remedio”.- pensó. Las olas llevaban y traían los recuerdos que, al igual que el mar embravecido, eran golpes que sólo producían dolor. Se arrojó sin dudarlo. Estaba ahogándose de nuevo en el mar…
Intentó nadar hacía la orilla, buscando el refugio de los brazos de su amado…Pero no vio a nadie, nadie la esperaba. Nunca existió ese amante, ni el príncipe azul, ni el fantasma que en sueños le visitaba. Nada de eso existió.
Así que decidió dejarse llevar por aquella tormenta imaginaria de sentimientos. Posiblemente, cuando encontraran su cuerpo dirían que estaba lleno de cortes producidos por los golpes contra las rocas. Nada más lejos de la realidad. El mar la trató con dulzura, pero la vida le infringió cortes que dejó sin cicatrizar. Era un bonito cadáver, aunque un tanto ajado por los años, los embarazos, la salud…Nada quedaba de aquella niña azul, sólo sus pesadillas.
Aquella noche decidió lanzarse al mar. Dejo sus ropas en orden, alisó sus cabellos, respiró hondo…Luego, el vacío.
No abrió los ojos cuando notó un abrazo tan suave que le erizó la piel. Estaba allí, la envolvía con toda la calidez de la que era capaz. Ella abrió los labios para decir su nombre…El gran azul.

sábado, 28 de marzo de 2009

Un sueño.


Tengo un amante que me visita en sueños.
Me abraza, me besa, me lleva con él.
No puedo tocarle, ni rozar su pelo,
No hay calor en sus manos,
ni humedad en sus labios.
Creo que somos felices.
Me habla al oído, susurra un “te amo”.
Yo soy él, él es yo.
Su mano y mi mano tocándose.
Teme estar conmigo,
temo estar con él…
Despierto en la noche, no estamos juntos.
Él está muerto,
yo respirando, jadeándole.
Tengo un amante que me visita en sueños.
Si no me despierto,
me fui con él…

miércoles, 25 de marzo de 2009

Fibromialgia


Durante mucho tiempo pensé que estaba sumida en un periodo depresivo que no acertaba a comprender. Sólo sé que me sentía cansada, sin ganas de nada, viendo montañas por todas partes. Levantarse cada mañana suponía, y supone, un esfuerzo titánico.
Cada analítica demostraba que mi estado de salud era excelente: nada de colesterol, azúcar o alteraciones hepáticas; pero cada esfuerzo de mi musculatura era un dolor seguro al día siguiente. Las tareas de casa se acumulaban sin remisión, mi desgana para hacer senderismo cada domingo iba en aumento, me veía invadida por el virus de la pereza…Mi madre decía que eso era lo que ocurría cuando alguien dejaba de hacer sus obligaciones.
En ocasiones, cuando mi ex me abrazaba, no podía evitar un lamento que él siempre interpretó como rechazo; a pesar de mostrarle el inevitable moratón que me salía al día siguiente. Mi musculatura estaba demasiado sensible, brazos y piernas no se libraban de las huellas de una debilidad que iba en aumento. Padecí en algunas etapas de una artritis reumatoide que camuflaba la llamada “enfermedad silenciosa”.
Tardaron unos años en diagnosticar el problema. He estado un tiempo atiborrada con un tratamiento que no siempre me hizo sentir bien. Actualmente, sólo me encuentro bien si estoy trabajando, ocupando mi cuerpo y mi mente en sacar adelante a mis hijos. Apenas sigo el tratamiento inicial (tal vez me estoy perjudicando), excepto cuando tengo alguna crisis grave. He aprendido a vivir con el dolor, sin sentirme un ser inútil y perezoso; incluso me río al recordar algunos momentos patéticos que me han ocurrido en estos años, cómo cuando me quedé casi mediodía tirada en el suelo de la cocina, completamente “enganchada” (y a ello contribuyó otros problemas que aparecieron con el tiempo), con mi jauría de yorkshires saltando sobre mí creyendo que aquello era un juego. Ese día estaba sola en casa. Terminé con más babas que un caracol. Al final, conseguí levantarme para ir a dejarme caer en el sofá, hasta que el dolor desapareció.
No voy a relatar las consecuencias indirectas de padecer esta enfermedad, pero han sido muchas, tanto a nivel personal como social. Dar la sensación de persona enfermiza es un reto a superar, intentar que te comprendan cuando no te aceptas tú en este sentido, hacer ver que puedes aunque te duela…Mis amigas me dicen que no me retrate así o no me saldrá novio…No es lo que espero, realmente; pero ¿sirve de algo ocultar que eres una enferma de fibromialgia?
Por el contrario, lo que quiero y hago, cada vez que puedo, es salir, pasear, hacer “minisederismo” (mi entorno natural lo permite), y, por supuesto, bailar…Aunque sea con el palo de la escoba.

Os dejo algunas referencias que podéis consultar en la red para saber más sobre el tema:
http://www.fibromialgia.cat/
http://www.fundacionfatiga.org/
http://www.fibromialgia.com.ar/
http://es.wikipedia.org/wiki/Fibromialgia

martes, 24 de marzo de 2009

FRAGMENTO



Él: - Imagino esta charla abrazados, en la cama, sintiendo cada caricia, sin prisa alguna…
Ella: - Uniendo nuestras pieles, nuestras identidades, nuestros latidos…sin pausa.
Él: - Palabras entre beso y beso…Palabras entre caricia y abrazo…Y las manos jugando a buscar…Y las bocas, a silenciar al otro…
Ella:
- Sólo las miradas siguen la charla sin necesidad de voz.
Él: - Las bocas, reanimando, dando vida…Y con saltos intempestivos, según impulso de amor…
Ella: - Así, totalmente entregados…En medio del pequeño río, mojados hasta la cintura, ahogándonos en sus aguas y salvándonos al unísono.
Él: - Somos un puro poema…

domingo, 22 de marzo de 2009

He podado el jazminero... Ahora comeré manzanas.



Los fines de semana me dedico a hacer ejercicios de memoria, también de recuerdos. No sé qué es peor…o mejor. Los de memoria son geniales, si salen bien, es positivo. Sin embargo, si son de recuerdos, el balance es negativo. Me concentro demasiado en situaciones que no fueron agradables. Es como hacer sumas o crucigramas para ejercitar la memoria. Terminarlos es una victoria, pero en la vida no siempre acabamos las cosas. Creo que tengo que aprender a cerrar las ventanas a los malos recuerdos, y a abrirlas de par en par a los buenos. No me refiero a saldar deudas con el pasado, pero si a aprovechar al máximo cada momento vivido.
Mi chica Ana me decía que todavía me quedan vidas por vivir, que no he terminado de formarme…Es otra alma sensible en este mundo. Ella dice que no nos queda nada para alcanzar la cumbre, que está ahí, a la vuelta de la esquina. Ambas tenemos ganas de salir de este círculo vicioso que nos ha envuelto de distinta manera a las dos, sólo que ella es más creyente que yo.
Echando la vista atrás, me consuela la visión de mi abuela peinando su “jareta”. Su paciencia sin limites, sus dedos agarrotados por la artrosis, pero trabajando aquella débil melena que le llegaba a la cintura…Me encantaba contemplarla. En medio de su ceguera, cada mañana aparecía en el salón perfectamente peinada y oliendo a agua de colonia. Daba la sensación de haber cumplido con un deber que sólo ella conocía. Desconozco si su mirada perdida era por las cataratas que padecía, o por una mera resignación a una dura vida. Solía ser silenciosa hasta en el caminar.
Mi abuelo, sordo desde su juventud, siempre tenía un instante para tararear una canción. Me decía: -“Pon la radio y bailamos una “pieza”…” Y allí nos encontrábamos los dos, agarrados, girando; mientras le aclaraba si la “pieza” era un tango, pasodoble, etc. En su fuero interno, imagino que recordaría la música, porque bailaba sin perder un paso. Solía aislarse sin que nos diéramos cuenta, porque para charlar con él había que alzar la voz y, aunque al principio lo lográbamos, terminábamos hablando como de costumbre; forzándole a esa situación.
Nunca les vi decaer o rendirse, seguían haciendo las mismas cosas cada día; mientras yo protestaba en mi lucha preadolescente por todas las cosas. No quiero volver a juzgarme a mi misma nunca más.
Hoy he podado el jazminero, mañana echaré un poco de abono…Quiero tener una buena cosecha de manzanas con olor a jazmín. Quiero ser la mariquita que libra de parásitos mi planta (que soy yo). Quiero ver las flores abrirse en la noche y llenar de aromas mi balcón. Quiero que el rocío me bañe en cada amanecer. Posiblemente no tendré manzanas, ni jazmines…Pero no tendré dudas de que lo intenté.