Poemas y otras fantasías.

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domingo, 28 de noviembre de 2010

Me he comprado un desierto.


Me rindo. Sé que nunca llegará esa llamada. Nunca recibiré esa carta. Jamás sabré que pasó. Que no tiene explicación, porque nada sucedió. Que fueron mis sentimientos, los que me hicieron ver fantasmas. Quizá pedí lo que era imposible, como un regalo de Reyes Magos. ¿Qué hice mal? Es lo que solemos preguntarnos los decepcionados. Los que esperamos, los que creemos, los que nos ilusionamos, los que fantaseamos, los que idealizamos, los ignorantes. Me falta ser un corazón duro para no recaer en el mismo error. Por eso me he comprado un desierto… Para deambular por él con mis perros, como Ayla con su león y su caballo. ¡Ojala tuviera esa intuición! La que le guiaba por el camino idóneo, pero entonces no sería un ser humano; sino un extraño personaje de ficción.
Abro mi alma sin restricciones y eso se acabó. Insisto, me he comprado un desierto, sin oasis, sin espejismos, árido, sin temperatura, inerte. Es mi castillo de arena. Allí dejaré a la princesa del cuento. Impediré que nadie la rescate, que nadie la salve. Seré su verdugo, su guardián sempiterno.
Y mientras ella muere de soledad y de incomprensión, yo viajaré por el mundo matando palabras que nunca deberán decirse a corazones marcados por ilusiones vanas y sueños de cuentos de hadas. Posiblemente impida que nadie más vuelva a sufrir por creer que todavía quedan príncipes en este mundo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Un cuento.


Aquellos días en tierra fueron maravillosos, intensos, un auténtico despertar de sentidos. ¡Por fin cumplía su sueño! Con lágrimas, volvió a sumergirse en las aguas del Gran Azul. Pudo atisbar, mientras se alejaba de la orilla, aquella mirada que no supo descifrar en los ojos de él.
La primera vez que sintió la tierra bajo sus pies, casi pierde el equilibrio. ¡Era todo tan nuevo! Había descubierto un nuevo mundo, una nueva forma de caminar (antes era nadar)… Se lleno de colores nuevos, de aromas nuevos, de contactos sin escamas.

No recuerdo todo lo que siento pero si siento todo lo que recuerdo. (Alejandro Sanz)

Los días que siguieron estuvieron vacíos de noticias. Ningún barco cruzo las aguas azules que la envolvían. Aquello la puso muy triste. Todos los peces intentaban que sonriera, que se animara con algo y, aunque lo intentó, muy dentro de sí escondía una lágrima salada. El tiempo fue pasando, algún velero dejaba caer una botella con mensaje dentro. Ella sabía que eran de él, pero lo que al principio fueron palabras de anhelo, se tornaron en simples expresiones de cordial lenguaje. Así fue intuyendo que él no volvería a navegar por aquellas aguas.

Como deshacerme de ti si no te tengo, como alejarme de ti si estás tan lejos. (Ricardo Arjona)

Entonces se sumergió en lo más profundo de aquel mar que era su casa. Oculta en una enorme caracola, a salvo de cualquier amenaza. Su mente dibujo distintas sensaciones de decepción, rabia, tristeza. Lloró porque pensó que fue un error soñar con tener piernas para pisar tierra firme, por creer que fue amada en algún momento, por sentirse tan perdida. Al fin y al cabo, sólo era una sirena. Mientras permanecía en su Gran Azul era hermosa y deseable, con un halo de misterio. Cuando puso sus pies en la arena seguía teniendo la voz dulce, pero su rostro reflejaba los años de las inmortales sirenas.

El amor semeja un árbol: se inclina por su propio peso, arraiga profundamente en todo nuestro ser y a veces sigue verdeciendo en las ruinas de un corazón. (Víctor Hugo)

Así que decidió que lo mejor era dedicarse a cuidar del entorno que siempre la había cobijado. Bañarse en las aguas del olvido. Proteger los corales, sentir las corrientes marinas, bailar con las olas… Y, en las noches de luna llena, salir a la superficie del mar para ver las estrellas. Porque desde todas partes hay la misma distancia a las estrellas y, con toda seguridad, él estaría mirándolas desde alguna playa; al mismo tiempo que ella… Pero en otros brazos.

domingo, 24 de octubre de 2010

Hibernar.


Tengo las manos dormidas… Me duele la espalda, el cuerpo… Supongo que tendré una crisis acrecentada con el exceso de trabajo. Hoy ha sido un día de sofá y descanso, aún así… Tengo las manos dormidas. Mi cerebro va tan deprisa que me cuesta canalizar los pensamientos. Se agolpan y me duele la cabeza. Me gustaría sacar tiempo para escribir, pero lo aprovecho para descansar. Demasiadas horas trabajando. Así no pienso, no siento. Soy una mula atada al molino, dando vueltas y vueltas.
Estoy encapsulándome, protegiéndome; haciendo del hermetismo un refugio. Hora de hibernar frente a todo. Sólo dos contactos: familia y trabajo. El resto, el mundo: aparcado. No quiero contacto, no quiero que me roce, que me despierte. Tengo sueño. Con ello no quiero decir que esperaré a que llegue la primavera, simplemente no espero. Sólo trabajo y mis hijos.
Me duelen las manos, las tengo dormidas. No siento el roce de la piel, sólo el hormigueo que viene y va. Y tengo sueño, mucho sueño.

domingo, 17 de octubre de 2010

Rabia.



Todavía sigo aquí, perdida, sin saber qué hacer o hacia dónde dirigirme. No tengo fuerzas para cerrar el blog, tampoco para empezar a escribir en el nuevo proyecto que inicié. Por un lado, no puedo quejarme de cómo me han ido las cosas en este tiempo. Por otro, me siento tan vacía que nada me satisface. He empezado a despegar con un nuevo trabajo (todavía inseguro), que me da fuerzas para levantarme cada día; aunque termine completamente agotada por las noches. Eso me ha traído una cierta seguridad económica, pero sigo sintiéndome vacía…
Tengo las ilusiones rotas, también el corazón. Vestigios de historias que nunca llegaron a ser. Arañazos en el alma, porque el cuerpo se recupera. Sigo lamentándome de lo vano de mis sueños rotos, de no sentirme llena ni siquiera por los gratos momentos, de tener la sensación de nunca haberlos vivido, de tiempo perdido, de vida perdida…
Hoy me han dicho que mi mano muestra que un amor me llega pero no estará a mi lado. He pensado que es lo mismo de siempre. Saltar y sentirme en pleno vuelo por unos instantes, para después caer al suelo.
Unos pensarán que debo agradecer y guardar en la memoria lo bonito de cada minuto de gozo, pero yo les digo que ya me he cansado de rozar lo intangible. No quiero volver a ver, ni a escuchar, ni a leer palabras que NUNCA serán para mi. ¿Egoísta? SI, en mayúsculas. Porque me he hartado de inseguridades, de esperanzas, de “tranquila, que ya llegará tu momento”. Hoy, ahora, ya: me siento impaciente, exijo lo que tanto llevo pidiendo.
Hoy me he dado cuenta de que me usan, mejor dicho, dejo que me usen… Y quiero rebelarme. Y si me tachan de ególatra, ¡qué me importa!. Yo también tengo mi lado oscuro, mi mal genio, mi mal “llevar la vida”. Hoy estoy hastiada. Hoy no me siento feliz siendo como soy, ni sintiendo como soy, ni habiendo permitido que pasaran cosas que han pasado… Me siento utilizada, engañada, por humanos y por el destino. Hoy no quisiera ser, no quisiera haber sentido, haberme dejado llevar por los instintos, haberme forjado sueños fútiles, haber creído que había amor dónde nunca hubo más que desierto.
Hoy he llorado de impotencia por ser como soy: Azul, tal vez, desteñido…

viernes, 20 de agosto de 2010

Mirando las estrellas...

Hace días que vengo sopesando esto. He llegado a un punto sin retorno, de momento. Creo que es hora de tomar un tren que me lleve por otros derroteros. La falta de ilusión es uno de los motivos por los que digo adiós a estos blogs que me han acompañado en estos años. Y no es por la gente que me lee, soy yo. He compartido historias de mi infancia, de mi juventud, de mi madurez; pero ahora sólo podría compartir pesares, confusiones… Y no es mi deseo hacerlo.
He de dar las gracias a todos los que habéis pasado por estas páginas, a mis seguidores fieles (pocos, pero entrañables). Necesito alejarme de estos lugares, de la red, de las personas que he conocido por aquí; amistades virtuales que me han acompañado en muchos momentos, que han sido apoyo, refugio y aliento.
En estos momentos de revés, necesito a las personas reales que tengo conmigo; las que puedo tocar y besar, en las que palpo su hombro y huelo su aroma. Las que ríen delante de mí y lloran conmigo. Siento que si sigo aquí, no podré enderezar mi vida. Soy demasiado ilusa, me faltan los pies en la tierra. Aquí se sueña y necesito estar despierta. Aquí se vive sin límite, sin distancia, sin barreras; cuando realmente mi vida está llena de eso. Debo romperlas de verdad, notando su “crack” en mis manos, clavándome astillas si así ocurriera, sentir que realmente estoy despierta.
Ha llegado el momento de tomar ese tren, de partir lejos, de seguir mirando las estrellas en mis noches de desvelo, de ponerme bajo la lluvia para sentir sus besos… Algún día, cuando sienta que ya he cumplido con mi meta, volveré para contar mis aventuras de este tiempo. Dejaré unos días más sin cerrar los blogs, para que podáis leer mi despedida y mi agradecimiento eterno a todos; gentes de la red, de muchas partes de este mundo, que han compartido conmigo un ratito de lectura. Quizá podamos cruzarnos en una calle, en una playa, en un vagón de tren y no sepamos que nos hemos conocido por aquí. Tal vez, sintamos un chispazo inexplicable que hará que nos miremos con extrañeza. Acordaos de mí, os estaré mandando un gran abrazo desde mi estrella… Y siempre os acompañaré. Un beso a todos, suerte en la vida… Y nunca dejéis de mirar las estrellas.


http://www.youtube.com/watch?v=ZXgXDz6YBOs